Defecto de praxis por no agotar las posibilidades diagnósticas en cáncer de colon

23/01/2019

Un paciente de 65 años con antecedentes patológicos de hipertensión arterial y diabetes mellitus controlado por el médico de atención primaria presenta anemia en analítica de sangre, mostraba una hemoglobina (Hb) de 10,3 gr/dL y una velocidad de sedimentación globular (VSG) de 49 mm/h (valores normales 0-20 mm/h). Su médico consideró que probablemente fuera por falta de absorción de hierro y le prescribió tratamiento con preparado oral de hierro (tal y como consta en la historia clínica).

A los tres meses del diagnóstico de anemia, el médico de primaria repitió la analítica, presentando el paciente una Hb de 9,3 gr/dL y una VSG de 27 mm/h. Se hizo constar en historia clínica que el paciente presentaba una anemia por déficit de hierro y se prescribió tratamiento con inyecciones intramusculares de hierro.

A los cinco meses de la última visita con el motivo de anemia y del tratamiento con hierro prescrito se solicitó nueva analítica que mostró una Hb de 9,1 gr/dL. Pasados otros tres meses se hizo constar en historia clínica la presencia de anemia por déficit de hierro y se volvió a prescribir hierro inyectable y se derivó al hematólogo.

En la visita del hematólogo, este especialista orienta el cuadro de anemia ferropénica y deriva al digestólogo, quien solicita colonoscopia que informa de la presencia de adenocarcinoma de colon; tumor de colon infiltrante, vegetante y velloso.

El paciente fue intervenido en menos de un mes desde el diagnóstico, En la operación se observó una neoplasia de colon de ángulo hepático, suboclusiva. Se practicó hemicolectomía derecha más linfadenectomía regional más colecistecomía y segmentectomía hepática. Tras la intervención quirúrgica el paciente fue tratado con quimioterapia.

Durante el seguimiento posterior, y hasta los dos años del mismo, el paciente estuvo libre de enfermedad.

El peritaje realizado por un oncólogo determinó que en la actuación del médico de atención primaria hubo defecto de praxis por no agotar las posibilidades diagnósticas. Debía haberse iniciado un proceso diagnóstico y no prescribir tratamiento con hierro sin conocer el diagnóstico etiológico, sobre todo teniendo en cuenta la incidencia de neoplasias de colon en pacientes adultos, que en ocasiones se presentan como anemia ferropénica únicamente sin clínica acompañante.

Como consecuencia, el paciente fue indemnizado por el daño moral ocasionado por la pérdida de oportunidad de tratamiento más precoz del tumor.

Con los últimos datos conocidos, el retraso diagnóstico no parece que supusiera un empeoramiento pronóstico, pero la intervención que se practicó requirió más agresividad.

Así, el retraso entre la realización de la prueba y la obtención de sus resultados no supuso un empeoramiento en el pronóstico del paciente, y en caso de considerarse un retraso reprochable, habría que considerar que en todo caso se perdió la oportunidad de administrar un tratamiento con intención curativa con antelación a cuando se llevó a cabo.